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SEGURO DE DECESOS

 

 

¿Qué es un seguro de decesos?

 

Mediante el seguro de decesos, el asegurador se obliga a asumir los gastos derivados del sepelio o incineración del asegurado, según las condiciones establecidas en la póliza.

Hubo un tiempo en el que los eufemismos no reinaban en nuestra vidas, y entonces este seguro se denominada popularmente "el seguro de los muertos". Cuando el cobrador llegaba a cobrar mensualmente a las casas, no era raro escuchar aquello de "Mamá, está aquí el de los muertos", y nadie esperaba encontrarse a Drácula en la puerta.

Hoy todo es más sofisticado, y las pólizas, aparte de cambiar su nombre, han ido incorporando multitud de coberturas, algunas útiles, y otras verdaderamente innecesarias.

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¿Por qué contratar un seguro de decesos?

 

Todos tenemos algún amigo que repite que cuando muera, donará su cuerpo a la ciencia. Salvo para estos, pare el resto de los mortales, y nunca mejor dicho, el entierro suele tener dos consecuencias de orden práctico muy gravosas para las personas que los rodean:

- primero, les obliga a afrontar un gasto que, si bien no es cuantioso, sí puede resultar significativo para algunas economías (alrededor de los 3.000 euros),

- y segundo, y quizá más importante, les obliga a realizar una serie de acciones y una toma de decisiones que pueden llegar bastante engorrosas y desagradables.

 

¿Qué cobertura brinda?

 

Las coberturas básicas que debe tener un seguro de vida son:

1.- Gastos de sepelio o cremación.

2.- Gastos de traslado del cuerpo al lugar de inhumación.

 

Otras coberturas, no básicas, pero sí interesantes, pueden ser:

1.- Servicio de gestoría, para diferentes trámites tales como pensiones, certificado de defunción, de últimas voluntades, etc.

2.- Repatriación para residentes en España. 

 

Un mito

El gran mito de los seguros de decesos es el de la antigüedad. No existe tal cosa. Los asegurados más antiguos en una compañía no pagan menos que los más nuevos, y si algo tiene visos de ser cierto, es justamente lo contrario: cuanto más tiempo llevemos asegurados, más antiguas será nuestra tasas, y menos habrá tenido que esforzarse el asegurador en captarnos como clientes en los últimos cinco años, en los que este mercado ha dejado de ser coto privado de algunas compañías monorramo, y han entrado en competencia las compañías de seguros generales.